septiembre 22, 2005
La Patria que nunca despierta, ni duerme a veces.
A esta hora aun quedan bastantes banderas para vender. Cientos, quizá miles. Pero “hoy de seguro se venden”, así lo desea Ramiro. El las vende cada año y siempre sobre la avenida Pino Suárez.
Y entre más alto llega el sol más gente llega y sin pensarlo más hace suyo el símbolo patrio por unos cuantos pesos.
A Ramiro le conviene estar ahí, justo donde se celebra lo que se celebra. “También vendo playeras los días en que hay partido, hay que hacerle a todo, sino no alcanza”, asegura.
Y a pesar de tantos problemas económicos para la gran mayoría, México sigue siendo el orgullo: lo gritan todos aquellos que hoy se despertaron y los ecos de toda la multitud que lo reclamó al cielo la noche del 15 de septiembre con el ¡Viva México! Así lo sostuvieron. Pero eso ya es parte del pasado.
Hoy lo que importa es desfilar y seguir comprando banderas.
“Estoy desde anoche, no dormí de hecho. Me acomodé en una banca de la Alameda y dormité un poco, hay que estar al pendiente”. Quizá el no recibió la quincena de ninguna empresa el día de ayer pero hoy esta seguro que ganará lo suficiente para pagar la luz y el gas.
Después de éste volverán más desfiles y más celebraciones con las que Ramiro cuenta cada año y siempre encuentra algo que pueda vender. “De aquí en adelante el año se pone más dadivoso, viene el 20 de noviembre y Navidad ni se diga compadre, ahí es cuando me desquito”.
Esta mañana parece todo diferente: niños disfrazados de soldaditos con tambores y trompetas también maquilladas para el desfile, llegan en los camiones de diferentes partes de la ciudad, a veces hasta más lejos. Vienen con ellos también sus papás, o por lo menos los acompañan sus hermanos.
Los que transitaban todavía a las seis de la mañana ya están a esta hora en sus casas. O se quedaron dormidos en una esquina, abrazados a la bandera como un Juan Escutia urbano.
Hoy amaneció todo más tricolor. Anoche todo sucedió entre borracheras y festejos de todo tipo de los que solo sobraron botellas vacías y dolores de cabeza. Pero cuando vuelva a salir el sol todo volverá a ser como todos los días y a esperar otro año más.
Aún no se abarrotan las calles, las palomas aprovechan para comer de los desperdicios de noche anterior. Nadie las molesta. Casi no hay ruido, casi no hay autos, ni gente. De hecho solo Ramiro y otros abanderados están aquí desde ayer, y quizá para siempre.
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1 comentario:
ya lo lei,,, pero esta vezz lo volvere a leeer ,, pues aun no entiendo lo que no quisiste decir,...
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