diciembre 13, 2005

Oxígeno y publicidad

Donde habita la ignorancia, la publicidad esta ausente.

El peor enemigo de las soluciones es el desconocimiento de éstas.
La publicidad es considerada la solución y herramienta principal para que cualquier proyecto o empresa emerja, salga a flote.
Cuando no lo es, no existe. Es decir, el intentar dejarla a un lado es como negar su existencia; lo que equivale a objetar, tomando un ejemplo común y sencillo: que sin el oxigeno seguiremos viviendo.
La publicidad es el elemento vital de cualquier negocio que tenga o aspire a tener vida.
Todo en este mundo trabaja bajo un sistema perfecto y exacto, la no inclusión de algún paso o procedimiento no garantiza un resultado satisfactorio.
Es por eso que cuando no se incluye la publicidad como una regla a seguir en la proyección de cualquier actividad lucrativa, no se obtienen las ganancias esperadas.
La ignorancia desde un principio la menciono como el enemigo primordial.
Son innumerables los casos en que la diosa ignorancia se presenta con sus puntiagudas espadas del desconocimiento y aniquila sin piedad a quien porta el estandarte de la publicidad.
Y de igual manera son incontables los casos en que los que adoran a esa deidad, acaban por pasar a formar parte de la legión de los números rojos.
Es necesario aclarar que la publicidad como tal no funciona sino esta bien cimentada. No se trata de pegar papeles por todos lados o gritar escandalosamente que algo o alguien tiene las mejores opciones del mercado. Todo lleva un porqué. Y el que tiene los porques más claros es el experto en esta disciplina, o sea, un profesional.
La agencia que te ofrece las tarifas más altas o las más bajas no es la que mejores resultados te va a dar; sino más bien la que te plantee una solución con bases y procedimientos, que garanticen los resultados que tú esperas.
Cabe recalcar que no todos esperamos lo mismo. Por eso es importante que se contemplen bien las necesidades de cada cliente para así darles la solución adecuada. Y eso, solo un profesional lo puede lograr.
Por tales razones, creo que es de suma importancia crear conciencia de su utilidad, y así acabar de una vez por todas con la ignorancia.
No es magia, es una parte palpable y fácil de ejemplificar de toda empresa exitosa.
La publicidad es básica, insustituible e imprescindible. Es el oxígeno de cualquier anhelo emprendedor.

diciembre 09, 2005

Sin azúcar por favor

En la sala de juntas de una compañía cinematográfica es común ver a los involucrados discutir acaloradamente sobre algo.
De igual manera se pueden ver personajes raros haciendo cosas raras y nadie se inmuta, así es el negocio del espectáculo.
Durante la reunión de hoy, una dama de apariencia libertina enciende su quinto cigarrillo tratando de ocultar su intranquilidad. A la vez mira fijamente a un hombre de enorme barba que tiene enfrente. Su aspecto lo podría involucrar con negocios sucios aunque quisiera pasar desapercibido, pero los prejuicios son eso mismo: prejuicios.
Aunque, la dama fumadora no necesita ser vidente para saberlo: el recuerdo de las noches que ha pasado con el despilfarrando a manos llenas está latente, y la involucra con su verdadera identidad.
Obedeciendo al guiño de su cómplice de barba frondosa ella se levanta por un café.
Siempre estuvo dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de seguir en el camino de la abundancia enfermiza. Hoy no va a ser la excepción.
El verdadero sentido de hacer cine se puede ir al demonio, piensa. Hoy le importa más rellenar su patética existencia con placeres superficiales, de hecho toda su vida ha girado en ese sentido.
La discusión entre los que llenan la sala sube de volumen a ratos. La importancia del tema los irrita.
Sobresale entre la discusión un hombre que porta lentes bifocales a media nariz. El aboga en voz alta por la verdadera esencia del arte y más de uno parece estar convenciéndose de su posición.
Esta noche se podría llegar a un acuerdo y el de la barba abundante lo sabe, de hecho siempre lo supo y por eso está ahí.
-¿Un café señor Rodríguez?
- Claro, gracias, que amable señorita.
El tema del tráfico de infantes que se pretende abordar en la película podría destapar algunas interrogantes de relevancia. Eso, por supuesto, no les conviene a algunos en particular.
Hay pruebas que alguien está por presentar y eso le daría validez verídica e histórica al filme.
El tema de discusión es si incluirlas o no y el riesgo que implica hacerlo; tanto para ellos como para el testigo.
Terminando la reunión, los que temieron porque se realizará la película y sus consecuencias, se fueron a dormir tranquilamente.
Minutos antes, un café envenenado y una dama de apariencia libertina ya se habían encargado de obsequiarles esa tranquilidad.

noviembre 23, 2005

Jorgito's party

Carmelo: ¡Ay ca…! ¡Oye, te dije que corrieras más rápido, sentí que el camión pasó rozando mi colita!
Javier: ¡Ya no molestes! ¿Crees que desde que aquí veo todo bien? Esto no fue diseñado para atravesar avenidas congestionadas, si así fuera traería espejos, como los autos.
C: Si, claro, el de la fabulosa idea de disfrazarnos de vaca fui yo. El que tiene que caminar con la espalda doblada soy yo ¿Qué culpa te adjudicas entonces? ¿Haber sido perfecto es tu peor error?
J: Mira Carmelo, tú y yo nos conocemos desde hace tiempo.
C: ¿Ya te vas a poner romántico?
J: ¡Si, como no! Lo que trato de decirte es que te agradezco que te hayas prestado para disfrazarte de vaca para el cumpleaños de Jorgito, pero el del error fuiste tú, admítelo.
C: Me lleva el… el cierre se descompuso ya te lo dije. ¿A poco crees que me gusta tener tu trasero en mi cara todo el día?
J: A Jorgito no le va a gustar que no estemos en su fiesta. A mi esposa no le va a gustar que no este con Jorgito, y al dueño del disfraz no le va a gustar que lo tengamos que romper para salir.
Además, no estoy muy bien con mi matrimonio, otro error de estos y me mandan al virote y ni yendo a bailar a Chalma me perdona.
C: Javier, te lo he dicho, las mujeres te llevarán a la ruina. Yo desde que me divorcié ya no he trabajado.
J: No, pues fabuloso futuro el que te depara.
C: ¡Perate, perate! ¿No es aquella Karina?¡Holaaaaaa, Karinaaaaa!¡Aquiiiiii en… la vacaaaa!!!
J: Si, andale, quemate con Karina. Explícale que te quedaste atorado en la botarga y que vas a una fiesta infantil ¡Hazlo idiota!
C: ¿No verdad?
J: No, pues no.
C: Oye, ya me duelen los pies, hemos caminado durante toda la tarde ¿es problable que estemos por llegar no?
J: ¡Yujuuuu!¿no es esa la casa?
C: ¡Si, ya llegamos a la fiesta compadre!
Jorgito: ¡¡Mira mamá una vaca en la entrada... hay una vaca en...!!
J y C:¡¡Muuuuuuuu... chas felicidades jorgito!!

noviembre 18, 2005

Don Neto

Es mejor no vivir en casa ajena. Si, donde tenga yo la libertad de todo. Desde el más absurdo detalle, como tirar los calcetines sucios debajo de la cama, hasta invitar a quien quiera hasta las horas que sean.
Pero es difícil vivir solo. Las rentas son muy caras y no tengo trabajo que me soporte renta, comida y diversión.
Hoy en la mañana cambie cinco pesos por un diario que incluyera anuncios clasificados. Me acomodé en una banca sucia de un parque mal cuidado con la esperanza de encontrar algo bonito y barato. Leí cada uno de los anuncios pequeños con dificultad. Y aunque me di cuenta que necesito lentes, prefierí forzar la vista para ahorrar; además creo que de por si nadie puede leer bien esas letritas del clasificado.
Repaso todos los “se renta departamento” y no doy mentalmente con ninguna dirección. Obvio: ciudad nueva. En la mayoría de los anuncios el precio de la vivienda me ataja a la mitad del pequeño texto y no alcanzo a leer los teléfonos; son caros y punto, no necesito llamarles para que me lo repitan.
No, no, no, esto no es para mí. ¡Me regreso a casa de mis padres! Ahí hay agua caliente siempre; ropa limpia, sabanas limpias, comida también caliente y mi familia siempre conmigo, ¡soy un idiota! ¿A que vine a sufrir?
Por ejemplo, me pregunto: ese señor que esta sentado en la banca de enfrente de mí ¿De que vivirá? ¡Mírenlo! Dándole de comer a las palomas como si uno no tuviera suficiente con mantenerse a uno mismo. Y para colmo ahí viene a molestarme. ¡No señor, no se levante, gracias, no quiero platicar con nadie!
Le valió sorbete mi mensaje telepático: ahí viene. Cada vez más cerca… ¿Cómo dice? ¿Casa de asistencia para caballeros? ¿Barata?... ¡Perfecto! Si, me interesa, vamos.
Que raro. Bueno, es posible que sea una buena opción. Si no me gusta le doy las gracias y listo.
Este hombre me dijo que se llama Don Neto ¿Es ese un nombre? Es posible, la gente de la ciudad es muy rara. Como el parque donde estábamos: en pleno centro de Guadalajara y así de descuidado.
Llegamos a mi cuarto. No es más que un espacio de dos por tres con una cama individual, un buró con lámpara y un pequeño escritorio. También tiene una gran ventana donde se aprecia en las mañanas el color café del cielo enmarcado por cables y ramas de árboles.
Una de las paredes es de madera. Siempre se escuchan ruidos al lado; me dijeron que ahí vive un abogado… ¿un abogado aquí? Bueno, a lo mejor fue estafado y perdió su residencia y su auto último modelo, enseguida lo dejo la esposa y a su perro le dio moquillo ¿Puede pasar no?
A Don Neto casi no se le ve en el día. De hecho casi todos se aparecen en la noche. Cuando me despierto y bajo a la sala solo esta Ronie, el perro del dueño.
Según me contó el abogado, arriba de nosotros, en la azotea vive un señor solo, abajo esta la recamara de don Neto y enfrente rentan unos militares. Ellos solo llegan los fines de semana ahí, es su día de descanso creo.
Abajo esta la sala, la cocina, un comedor y un teléfono con candado. La televisión esta muy vieja pero funciona bien. Aunque nadie la ve, ni don Neto, el se mantiene informado con el periódico que compra en la tiendita de la esquina.
Una de las tantas curiosidades que guarda la casa es la habitación de un señor que vende hamburguesas en el mercado. Su “casa” esta improvisadamente construida debajo de la escalera de la sala. No se el porqué de las vidas de cada uno de ellos. Ni me importa.
Don Neto acaba de llegar. Son la once de la noche y trae a un amigo. Le sirve de cenar mejor que a el mismo. Mientras cena va a la tienda y regresa con un Squirt de 2.5 litros.
Enseguida se sube sin decir nada a su recamara. Después baja con una botella de tequila “Cuervo reposado”, se la muestra al amigo y a la vez recoge el plato que ensució y los deja lavados. Se dicen cosas que no alcanzo a escuchar y se van a la recamara.
Ahí don Neto tiene una pequeña terraza. Yo subo a mi cuarto y los observo desde arriba. Platican de no se que. Ríen de cualquier cosa, no escucho nada.
Ya no puedo mas, me voy a dormir. En fin, es su vida.
A la mañana siguiente don Neto ya esta barriendo la calle mientras silba una canción que desconozco. Me dice buenos días y ni le contesto. Siempre soy así: cuando me acabo de despertar no saludo.
¿Ah y el amigo? Se fue. Pudo haber sido anoche. Si, claro ¿Y si pasó la noche ahí? ¡Bah! Ese no es mi problema.
Lo que me intriga es el cuadrito que esta en sala: es el dibujo de la espalda musculosa de un hombre.
También me extraña que haya rosas rojas de papel por todos lados y que don Neto siempre se ponga el mismo short cortito para pasear todas las tardes en el mismo parque donde lo conocí.
En verdad que es rara esta gente de la ciudad.

noviembre 07, 2005

A Vaquero si le entiendo compadre

No entiendo nada si me hablas… ¿en inglés? A un gringo quizá no, pero a la banda formada por el núcleo del desaparecido Zurdok ¡Por supuesto compadre!
No es nada nuevo que la música rompa con las limitantes que tenemos los que no pagamos o no nos pagaron un curso sabatino megaintensivo de cualquier idioma, que no fuera el materno, en la “Cuack Lerning Academi” sucursal Guadalupe.
La nueva si es, y ni tan nueva tampoco de acuerdo a los demás pseudo intentos registrados en la historia del rock hecho en México, que un grupo que se identifique como nacional, y mas aun como regio, le apueste todas las canicas a grabar en inglés.
Mas curioso aún todavía, que en pleno domingo 6 de noviembre en la Macroplaza (día y lugar de paseo familiar por tradición) debuten con la nueva agrupación ante sus paisanos y ya se sepan las canciones.
Entre señoras que mecían sus nenes al ritmo de la música y niños embarrados de chocolate, los “Cowboys” mexicanos demostraron que no ensayaron una semana antes del evento que en buena onda les consiguió un amigo al que le barbearon todo el mes porque era del comité del Festival del Barrio Antiguo ¡No! a Vaquero le salieron las tablas a flote, les quedaba chico el lugar y eran invitados de honor.
Tranquilo y despreocupado Gerardo Garza, mejor conocido como Chetes, inició la presentación saludando al público como el que acaba de regresar al terruño y se encuentra con los viejos amigos.
Luego rompió el silencio que guardaban alrededor de 300 personas en la espera con los potentes sonidos de un rock, que demostró en ese instante, que son patéticas las profecías que sentencian que el genero que nació en los cincuentas vendrá a ser sustituido por el reggaeton y el hip hop ¡Dios salve a esas almas equivocadas!
De igual manera quedó grabado en los anales de la historia el perfil de un fan que masticaba papas con chile y limón y a la vez emitía sonidos “spanglishados” similares a los de la canción Dying to live, el primer sencillo del disco homónimo lanzado el pasado ocho de septiembre.
Algunas parejas que acostumbran “checar tarjeta” dominical quisieron aprovechar el baile del grupo que iniciaba a las 20:30 horas. No lo conocían, pero era obvio que su nombre invitaba encontrarse con doce hombres bigotones y panzones tocando cumbias o norteño. Sin embargo, al llegar se toparon con un grupo de jóvenes que tocaba rock en lengua no cristiana. La expresión de sus rostros delataba su frustración.
Al niño que se le soltó el globo no le quedó más remedio que parar de llorar porque nadie lo escuchaba. A su papá le llamó más la atención esa música que le recordaba a los Doors, o a los Beatles quizá, mismos a los que igual nunca les entendió nada pero que siempre les fue fiel. Pero después le dieron ganas de hacer pipí y al hombre que le debe respeto no le quedo otra opción que atenderlo y dejar de alucinar con sus días de estudiante rockanrolero.
Solo los años dirán si Vaquero podrá llegar a tener fieles seguidores que burlen el paso del tiempo con ellos. Y que, aunque no le entiendan a sus letras, si perciban y valoren la intención de los regios por contribuir a que el rock siga vivo como siempre lo ha estado.

Rubén Sánchez

octubre 24, 2005

El asalto al corazón.

¡Esto es un asalto! Les grité.
No se me ocurrió otra frase menos trillada para asaltar el banco, lo siento. Si fuera más creativo hubiera buscado cómo saldar mis deudas de alguna otra manera; más no fue así: sigo endrogado.
Le debo a todo mundo. No dudo que entre los clientes que sorprendí ese día estuviera alguien que en cuanto me vio se acordó de alguna deuda pendiente.
Sin embargo, el revolver que llevaba en mi mano derecha pareció indicarles a todos, incluyendo a los que no les debo, que por el momento se olvidaran de todos sus asuntos. Le obedecieron por fortuna.
Pero les juro que todo lo hice por necesidad. Si, lo se, también es una excusa muy utilizada. Insisto en que carezco de originalidad. Pero mis argumentos son verídicos y nada tienen que ver con que yo sea un tipo poco ocurrente.
Pero volvamos al asalto. Les decía que en cuanto todos me vieron que entré armado al banco todos se tiraron al piso y se llevaron las manos a la nuca. De seguro lo vieron en el cine. Claro, ellos también pusieron en evidencia su falta de imaginación. No soy el único.
Recuerdo que había dos policías. Uno de ellos se acobardó y tomó la decisión de olvidar para que le pagaban: aventó su pistola lejos y fue a incluirse en la alfombra humana con los demás amedrentados. El otro se desmayó sin chistar.
Todo indicaba que iba a ser más fácil de lo que pensé. El siguiente paso era ir a la caja, pedir todo el dinero y escapar. Trabajo regalado, pensé.
Sin embargó, algo extraordinario sucedió. Una guapa joven llamó fuertemente mi atención.
Me dejó absorto. Su mirada parecía llamarme. Era alguien que parecía no seguir esquemas; lo digo por que actuó diferente: No se impresionó como los demás, ni mucho menos gritó.
Tan solo me miraba. Creo que con ternura. No, más bien era amor. Lo sentí. Era mutuo, no había duda.
¡Por supuesto! era la cajera del banco. Si, recuerdo haberla visto antes. Quizá el día que fui a pagar parte de los intereses de los intereses de la hipoteca. Tantas veces y nunca me fijé en ella. Soy un idiota.
Me dejó hipnotizado y asimismo caminé en su dirección. Lentamente avancé entre la gente que yacía en el piso. Una señora no reparó en insultos después de que le pisé la mano, estaba tan distraído que solo atiné a disculparme en voz baja.
Un desconocido, desde su incomoda posición, pareció darse cuenta de que cupido me había flechado como un adolescente, por lo que me hizo una señal levantando su pulgar como señalando el techo y me guiñó un ojo.
Yo lo interprete como un “ve por ella amigo asaltante enamorado, no te detengas a pensar en el dinero que vas a robarte, el corazón importa más”. Le hice caso y le agradecí.
Seguí mi camino. En cuanto más me acercaba los parpados de la joven parecían abrirse cada vez más y me iban dejando al descubierto sus lindos ojos azules que no dejaban de mirarme.
Al pararme frente a ella me percaté también de que sus manos le temblaban nerviosamente, las mías también lo hacían, les digo que era mutuo.
Y sudaba y sudaba. Su frente se llenó de gotitas que fueron creciendo de tamaño y terminaron por caer sobre el mostrador. Tomé una de sus manos fuertemente y su rostro palideció. Sin duda estaba loca por mí.
Empezó a balbucear. La verdad no le entendí nada, pero creo que ya no podía más. Tomé la iniciativa y le pedí que se casara conmigo. A lo que respondió con un movimiento de cabeza y cayó desmayada. En ese momento me sentí el hombre más feliz del universo.
Decidí olvidarme del asalto. Mis hijos no tendrán un padre asalta bancos pensé y amablemente les pedí a todos que se pusieran de pie y que se fueran en paz a sus casas.
Aventé la pistola y salí caminando del banco. Todo me pareció color de rosa. Si, mi vida había cambiado, era momento de reorganizarme, buscar un trabajo decente y vivir como cualquier persona normal y feliz.
Entonces llegaron ustedes. Me marcaron el alto, me esposaron y me subieron a la patrulla.
Ya llevo tres días aquí convenciéndolos de mi inocencia, no entiendo.
Además, nadie me quiere dar razón de futura esposa. ¿No la conocen? ¿Por qué no ha venido a buscarme?
- Señor, si conocemos a la señorita de la que nos habla.
- Gracias a dios. Díganle que estoy bien y que en cuanto salgo me casaré con ella.
- No lo creo señor.
- ¿Porqué, acaso ya no me ama?
- Creo que usted tiene mucha imaginación.
- ¿Porque lo dice? Mi parte creativa siempre ha estado dormida, de estoy seguro.
- No del todo señor, mire:
Según me cuentan los testigos, usted entró al banco, amenazó a todos y les pidió que se tiraran al piso. Ella, a la que se refiere usted, era la única cajera en turno por lo que no alcanzó a accionar la alarma por lo nerviosa que estaba. Ella decidió no mover un dedo para no provocarlo. Enseguida, me dijeron que usted comenzó a mirarla de una manera muy extraña y bastante obsesiva, casi enferma.
Después, que se le fue acercando lentamente. Un sujeto le decía con señas a la joven que accionara la alarma. Usted lo descubrió y encima le sonrió cínicamente. Ella se quedó pasmada al imaginarse lo desquiciado de sus intenciones. Por un instante intentó gritar pero del pánico se le cerró la garganta. Lo peor sucedió fue cuando usted le tomó su mano fuertemente. Ya no soportó más. Fue tal el horror que experimentó que murió de un paro cardiaco instantáneamente.

octubre 20, 2005

Londres

La vez que fui a Londres me perdí. Llegué y no supe que hacer. Nunca leí nada sobre ese lugar. Me aburrí. Ojalá que para la otra me salga un viaje a Mazatlán en las Sabritas.

octubre 18, 2005

Los ojos de Ana

“La verdad ya no soporto estarla cuidando”.
Quizá el motivo más grande por el que Ana no quiso bajar del árbol es que desde ahí empezó a darse cuenta de lo valorada y amada que era. En cuanto sentía ganas de descender, como por arte de magia aparecía alguien que contaba alguna revelación en torno a ella.
Su vida desde las ramas empezó a tomar otro color y ella creyó encontrarse con la realidad.
En ratos se divertía, en ratos se deprimía.
En una ocasión pensó en tomar las cuerdas de un viejo columpio que colgaba de una rama, pasársela por el cuello y columpiarse hacia los brazos de la muerte.
Pero lo meditó mejor y decidió bajar al cabo de tres días con la promesa de poner en orden a todos de una buena vez.
Y así se alimentó con huevos que alcanzó a tomar de un nido y durmió placidamente sobre la rama más gruesa.
En un lapso de ira contra los demás presenció cínicamente y sin intervenir como su hermana casi moría quemada al incendiarse accidentalmente una parte de la cocina.
Una a una fueron entrelazándose las experiencias y Ana reflexionaba.
El árbol le devolvió la vista que había perdido desde que tenía tres años de edad.

octubre 17, 2005

Juana la loca

Le iban a apodar Juana la loca, pero su actitud demostraba lo contrario. Tenía trabajo, educación y conocimientos bien aplicados. Pero el mote se refería, sin que lo pudiera objetar, a un vicio muy particular: ella era hombre.

Dios Mar

Ella siempre sale a flote en sus pensamientos antes que el sol. Algo inevitable. Tanto como la rutina de ir a pescar, pero con mejor sabor de boca.
Carmen lo acompaña al unísono en su mente, el lo sabe. Ella no sale a pescar pero sus emociones reprimidas le entretejen cada día una red imaginaria en ambas manos para soportar la ansiedad. Su presa no es precisamente un pez.
Mientras desenreda las cuerdas, Arturo divaga en el sueño que lo empezó a acosar desde hace meses: unirse con Carmen para siempre.
Deseos flotando siempre en el aire. El aterrizaje de éstos siempre se veía mermado celosamente por el padre de ella. El hombre de 63 años imponía respeto en la pequeña población y en sus vidas.
En su figura recaía el mando de aquel lugar al que solo se accedía por mar.
La pesca exiliaba el hambre de todos. La selva los cercaba por todos lados y su abundancia vegetal representaba otro aliciente.
El puerto más cercano estaba a tres horas de ahí. A veces el deseo de irse seducía a los pescadores, pero era más fuerte el miedo a no adaptarse a las costumbres que ellos desconocían pues se les mantenía herméticos.
Esa era disposición del padre de Carmen, el máximo mandatario desde que casi todos tienen uso de razón.
No por nada el amor entre su hija y el pescador se reducía a deseos reprimidos y sueños inalcanzables.
Arturo enfurecía. El soportar imposiciones le quemaba. Su mente trabajaba en ello. Algo tenía que hacer.
Sus pensamientos fueron arrebatados por una voz:
- “Arturo suelta las redes, ya llegamos al lugar.”
Era su hermano, compartían el trabajo y los conflictos.
- ¿Sigues sin olvidar a Carmen?
- Si, es inútil, no puedo sacarla de mí.
- Ya sabes lo que pienso de tu asunto. Pero cuenta conmigo en cualquier decisión que tomes.
- Lo se.
Una por una desembarcaban las naves con centenares de pescados encima. Aún se retorcían. Luchaban por regresar a su mundo. Inútil ya.
La primera embarcación que llegó fue la del padre de Carmen, eso le valió para adelantarse a almorzar un pescado con arroz blanco que le preparó una señora que suple a su desaparecida esposa en esa actividad.
La ausencia del mandamás de la comunidad pesquera fue aprovechada por Arturo. Carmen parecía aguardarle en la puerta de su cabaña. El sol aun estaba por salir.
Se encontraron y antes que cruzar cualquier palabra se unieron en un hambriento beso que precedió a una entrega mutua y desesperada en la única habitación.
Los únicos testigos de esa unión pudieron haber sido los primeros rayos de sol que entraban por la ventana. Sin embargo, no fue así.
El padre de Carmen apareció en la entrada principal. El crujir de las hojas secas bajo sus pies lo delató.
Ella sintió que el corazón se le salía del cuerpo. Arturo se vistió de prisa y se encaró con el hombre viejo pero aún correoso quien los miraba con un semblante que variaba entre la sorpresa y el odio.
El joven cuerpo de Arturo supo esquivar el ataque de su depredador.
Carmen solo atinaba a gritarle que huyera.
Entre la confusión logró escapar y corriendo llegó a casa de su hermano, a quien con palabras entrecortadas por lo agitado de su respiración le contó el incidente.
“Creo que tienes que huir Arturo” le sentenció.
“Prepara el bote, voy por Carmen” le respondió.
Como si hubiera adivinado su destino ella lo esperaba en la playa.
Su padre fue a dar la señal de alarma a los pescadores para que capturaran a Arturo.
Sin detenerse a pensarlo los dos amantes se embarcaron sin percatarse de que la marea empezaba a subir con violencia.
Ambos creyeron haber desatado la furia del planeta entero.
Con fuerza lucharon contra el oleaje y poco a poco se fueron internando mar adentro.
Desde la orilla los pescadores y el padre de Carmen, con un nudo en la garganta, se limitaron a observarlos pues la experiencia que tenía el viejo respecto al mar le alertaba del peligro inminente, se acercaba un huracán.
Nadie quiso aventurarse a detenerlos. Les gritaron e hicieron señas sin resultados.
“Tal parece que el dios mar se apiado de ellos y decidió unirlos para siempre donde nadie los pudiera separar” se lamentó el mandamás.

Emiliano Express

En la mañana lo primero que se le vino a la mente a Emiliano era levantarse corriendo para alcanzar el autobús de su trabajo. Sus temores se hicieron realidad: El despertador nunca sonó.

octubre 10, 2005

Carreño en la FIL


Como mosca en la leche; la veracidad del término exime su vulgaridad. Y es que nada embona mejor para describir la distinguida omnipresencia del escritor Manuel Carreño junto a la parvada de Buitres del saber y conocedores del buen gusto que convocó la presentación de su reciente obra El Arte de Saberse Comportar en la Feria Internacional del Libro Monterrey 2005.
“Dan ganas de darle un piquete para ver si se le cae el betún” se escuchó entre los asistentes. Y con justa razón: Carreño aparenta, enfundado en un smoking, haber sido diseñado por un escultor francés para coronar un pastel de boda onerosa y no que nació como un mortal cualquiera.
El pulcro escritor pidió disculpas a sus fieles seguidores desde una cápsula de cristal soplado que se fabricó especialmente para esta ocasión en Tlaquepaque, Jalisco.
“Disculpen que los salude desde aquí pero es de buen ver mi elección porque…bla, bla, bla.”
Los aplausos no dejaron escuchar el resto del nuevo “tip” que seguramente incluirá en la reedición de su manual el próximo año.
El amo y señor de las costumbres mochas habló de todo menos de su vida personal, ese punto quiso dejarlo para el final.
“Hablar de uno mismo es de mal gusto, es mejor que un allegado lo haga por ti” argumentó.
Las Asociación de Damas Conservadoras del Buen Peregrinar le aplaudieron como desquiciadas hasta que les ardieron las manos. Ninguna emitió ni un gesto, ni mucho menos se atrevió a untarse un poco de crema para mitigar el dolor de sus palmas por miedo a ser señaladas como impúdicas.
Después de unos minutos de comentar sobre el contenido de la nueva publicación, sorpresivamente una persona emergió entre el público con un micrófono inalámbrico en la mano derecha.
El sujeto se identificó como amigo del escritor y por ende el acreditado por el Reglamento del Escritor Bien Portado y Chambombín para leer unas cuantas anécdotas sobre la vida de su íntimo.
Tales vivencias venían estructuradas y listas para que las leyera directamente de una carpeta de piel negra que el mismo Carreño le alcanzó.
Y sin más empezó: “Mi amigo tuvo una infancia feliz. Siempre asistió a la primaria con traje de marinerito y zapatos de charol. Siempre llegó puntual a clases. Nunca jugó fútbol en los recreos ni escupía los pingüinos para que no le pidieran sus compañeritos. Tampoco se divirtió con el “Jamón te saco” entre clase y clase.
En la secundaria no empezó a fumar e escondidas”. Se comenzaron a escuchar los murmullos, aplausos y buenos comentarios entre el público de la sala. Mientras, el pariente proseguía:
“Tampoco se robaba las tortas en la cooperativa, ni se escapó en la clase de Educación Física para ir a ver películas porno a la casa del gordito con más espinillas del salón.
No dio pambas, ni colgó a los ñoños de los pies desde el tercer piso. No le agarró las nalgas a la chamaca que siempre enseñaba los calzones cuando se sentaba hasta atrás con los burros. Ah, ahí tampoco se sentó nunca.”
“En prepa nunca se emborrachó. No escuchó rock, ni fue al mirador con el coche de su papá acompañado por Deborah, la chica más califas de la clase de Anatomía. Todos fueron, menos él ¿Lo pueden creer?”, preguntó.
“Este hombre, que es mi amigo, jamás copió, ni sacó acordeón. En la Universidad siempre supo lo que quería estudiar: Economía. Nunca reprobó nada de nada y…” Hizo una pausa.
El tipo dejó de leer y volteó a ver con cara de asco a Carreño. Arrugó con violencia la hoja de papel que leía y la tiró al piso junto con la carpeta de piel.
Enseguida miró al público con un semblante diferente en la cara y les dijo:
“Señoras y señores quiero confesarles que a este pendejo lo conocí en la Universidad y siempre creí que era puto, por eso nunca hice amistad con él.
Sin embargo, hace una semana me contactó por teléfono y me dijo que me iba a pagar una lana si me presentaba en este evento como su amigo y leía una hoja con buenos comentarios sobre él.
Pero la neta ¡¡Que chingue a su madre, que güeva me da el cabrón, pinche cebo de mierda, ni amigos ha de tener el infeliz!!”.
Acto seguido, el conocido postizo del escritor aventó el micrófono y salió rayándole la madre a todos los presentes en la sala 104 de Cintermex. De inmediato todo el lugar se sumió en un asfixiante silencio.

octubre 03, 2005

Sin brecha que los ampare

“Ese sol que se ve al final del camino… ¿lo ves? ¿Qué tan lejos estará? ¡Es como si fuera inalcanzable! ¿Con él inicia o termina el camino?...”
Suenan una tras otra las preguntas en sus cabezas. Llegan y se van los sueños. Les surgen ideas. Crecen o aminoran sus problemas. Es la hipnosis de la carretera haciendo de las suyas.
Para algunos su trayecto no tiene fin. Otros jamás llegarán. De igual manera hay quien reclama no querer llegar nunca a ningún lado de ningún lugar.
Por la ventanilla ven como los cactus parecen saludarlos. Las montañas les sonríen o hasta se ríen de ellos. La soledad es la única que se expresa con sinceridad. A diario los acompaña. Incluso los persigue.
A la mayoría se le resbala tal sensación con la ayuda de enervantes. Se olvidan hasta de quienes son. “¿Y de que otra manera le hacemos para ir de Tijuana a Cancún en cuatro días? A veces sin carreteras de cuota. A veces sin camino”.
La imborrable imagen de la infinita “línea negra” perfilada con arbustos y rodeada de horizontes aparece cada noche en sus sueños.
Los más viejos cuentan las trilladas historias de las “mujeres de blanco” que les piden aventón en caminos despoblados y a mitad de la noche.
Dicen que ya no les temen. Uno de ellos hasta cree estar enamorado del ánima en pena.
“Hay que tener temor de Dios y de los vivos, el susto de mi vida me lo dieron unos encapuchados demasiado avivados”.
La música que prefieren de compañera, no es más que los chiflidos, mensajes en clave y hasta bromas que escuchan en la radio de onda corta.
En los caminos casi todos son viejos conocidos. Son compadres. Se cuidan entre sí.
A los que traen “encarguitos” los delata su novatez. No hay quien lleve toda su vida manejando un trailer que se preste a cargar con compromisos de esa índole.
Avanzan al contrario de las tormentas, manejan con fríos entumecedores y calores asfixiantes.
Pero es parte de su trabajo lidiar con la naturaleza y hasta con pasajeros extraños que emergen de las orillas del camino como mala hierba. Se les ve manoteando como náufragos en tierra firme con la esperanza de ser rescatados.
Hasta que finalmente suben y respiran tranquilos. Enseguida creen que su vida ha tomado rumbo por fin. Lloran, ríen. Le explican al conductor con detalle los porqués de sus dichas o infortunas.
Como si en verdad ahí importaran sus problemas.
Ignoran por completo que a bordo de esa mole rodante los únicos asuntos que se apoderan de la mente de quien la guía son: llegar a su destino, la radio de onda corta, la “mujer de blanco” y poder alcanzar algún día al maldito Sol que, como dicen ellos mismos: “siempre nos lleva la delantera”.


03/10/05 Rubén Sánchez

septiembre 26, 2005

Invitación a la felicidad que brinda un sábado por la tarde

Rita se esfumó. La indiferencia la aniquiló. Como lo habría hecho con Gilberto si las circunstancias lo hubieran permitido.
Es evidente que el ego de cualquier “señor de la destrucción” se disuelve ante el deseo egoísta de que su existencia sea nula.
En cristiano vulgar: El clásico Monterrey versus UANL mandó a ver si ya puso la marrana a tu vida y a todo problema que se le derive.
Hoy el “¿a quién le vas?” se antepuso al “¿cómo amaneciste?”.
Hoy es día de preocuparnos por comer cerveza y beber fútbol. A nutrirnos con eso de valor para salir a la calle a ventilar nuestras preferencias panboleras.
Como un pre-halloween, hay desempolvar los disfraces de Libres y Lokos, aunque mañana volvamos a ser los ñoños de siempre.
Vamos a colgarnos las playeras albiazules encima del uniforme de trabajo.
Hay que gritar que nos gusta el fútbol aunque ignoremos en realidad cuándo se comete un fuera de lugar, el porqué ese tipo pateó el balón desde la esquina y asimismo, nos traguemos la curiosidad de saber porqué si hay tarjetas amarillas y rojas no existe una verde también, como los colores del semáforo, ¡Que hagan juego por Dios!
Nada puede contra las ganas de ser aficionado.
Que se caigan los cerros en San Jerónimo, que la ampliación del metro pase por mi cocina, que gane el Partido Verde.
Hoy quedan cancelados las lluvias y el calor, de hecho no hay clima, no existe.
Se fueron de vacaciones los recibos de gas hiperinflados. Tampoco hay hambre pues sobran las botanas.
Hoy no hay amigos ni enemigos, hoy todos son jugadores y portan un número en su espalda. Hay quienes juegan conmigo y contra mí, pero de igual manera forman parte del enorme tablero pintado de verde que se llama comúnmente Monterrey, rebautizado como La cancha.
Y también vamos a apostar. Aunque solo ese algo o alguien al que siempre le achacamos nuestro destino sepa si tendremos que empeñar el DVD mañana.
Hoy amanecí con cara de tigre, ya no me llamo Javier, ni Antonio como el del cereal. Desperté sabiendo karate y con una puntería olímpica para el lanzamiento de piedras contra los parabrisas de los autos de quien sabe quien.
No importa que me lleven junto con los 56 detenidos. Lo que importa es el fútbol.
Y si a esto le anexamos que Adrián Fernández me impartió en mis sueños una cátedra de cómo manejar a 120 kilómetros por hora. No importa que me ponga hasta las chanclas, ¡Adrián Fernández es Adrián Fernández!
Ya mañana veremos si el ungüento milagroso favoreció a mis rayados. Si no, cancelo la comida con mi compadre. Que mi familia se vaya sola al cine, yo me quedaré encerrado en casa, hasta que sea lunes.
O hasta que ya nadie se acuerde de que perdieron los que perdieron. Hasta que se nos vuelvan a entorpecer los sentidos la rutina y las malas noticias.
Y que se termine la fantasía de ser feliz siendo aficionado de corazón.

septiembre 22, 2005

EL VAMPIRO FRONTERIZO

Lo encontraron con una estaca de madera clavada en el pecho y los pies quemados.
Así decía el periódico. Tal parece que a la mera hora no encendió bien la hoguera que le tenían preparada con leña verde. Se salvó de eso el pobre.
Pero lo hubieras visto un día antes: andaba como en los buenos tiempos, bueno, si a eso se le pueden llamar buenos tiempos. Aunque para mi si lo fueron, con todo y sus incidentes.
Cuando la noche pintaba como boca de lobo, se aparecía de repente y se los llevaba a todos a una vida mejor. Solo Dios sabe si era un don o un defecto.
Yo creo que era una maldición la que ya cargaba con él. Andar como anima en pena era su vida y su destino. Pero la noche lo cobijaba, le daba de comer. Y las tinieblas le ayudaban a perpetrar sus asesinatos. Su verdadera existencia ocurría en la oscuridad, eso si.
Pero nunca hizo caso. A mi me decía: “Ahorita vengo, voy a donde ya sabes” y se iba, ya nomás al otro día amanecían los muertos y con dos agujeros en el cuello.
De ahí se agarraron para inventar las historias, ya ves como es la gente. Y que bien le quedó el sobrenombre, si supieran que esos dientes que parecían de vampiro yo misma se los confeccioné: un día se me puso rejego, no me aguante y le dí con la mano del metate en el puro hocico, precisamente se le fueron a caer los cuatro dientes de adelante, bueno, ya estaban medio chuecos y podridos de tanto que se les pegaba como sanguijuela a las ubres de las pobres cabras, y así le quedaron esos sendos colmillotes al descubierto, amarillos pero grandotes.
Y después todo fue cayendo por su propio peso. Le inventaron que era pariente de Drácula, el de las películas.
Que en primera porque no dormía nunca, pero como iba dormir si yo lo traía de encargo. Aquí en Tijuana lo que deja lana es andar de pollero. Me cruzaba hasta de a diez en una noche. Te digo que con eso levantamos las tres tiendas de abarrotes que me dejó y la casa de Lomas Taurinas, si, esa donde mataron a Colosio.
En segunda, que porque lo vieron mordiéndole el cuello a una cabra. Solo a él se le ocurre clavarle los colmillos que para que pensaran que era otro animal el que las mataba mientras las asfixiaba tapándole los dos agujeros de la nariz y la boca con su pañuelo. Ya después les sacaba toda la leche y ni pío decían. Siempre se le ocurrían tarugadas. Pero eso le valió para que le hicieran tantas cosas feas.
Ya la gente estaba harta de que les mataran sus animalitos, y no se iban a esperar a que empezara a chupar gente. Con eso de que empezaron a aparecer muertos algunos de los hombres que querían cruzar al otro lado de ilegales, se los empezaron a enjaretar también. A algún vivo se le ocurrió también hacerles agujeros en el cuello. Pero Martín no era capaz de eso. El nomás se encargaba de las cabras. Todos tenemos un vicio, el de él era la leche.
Y los periódicos ayudaron a que todo se complicara. Ya tenían un mes de que nomás hablaban de eso. Por eso él ya casi ni salía de día. De por sí no le gustaba, ya estaba adaptado a sus mañas y a su trabajito nocturno. Pero todo eso le valió para que acabara su vida como acabó.
Yo me esperaba lo peor y todos mis temores se confirmaron cuando el periodiquero me trajo el vespertino. No lo podía creer, que falta de respeto que en la primera hoja del periódico y encima de la foto de él ya todo maltratado, le escribieran con las letras más grandes y rojas que se encontraron: “Ya mataron al Vampiro Fronterizo”. Ese es mi marido pensé. Y así fue.

La Patria que nunca despierta, ni duerme a veces.


A esta hora aun quedan bastantes banderas para vender. Cientos, quizá miles. Pero “hoy de seguro se venden”, así lo desea Ramiro. El las vende cada año y siempre sobre la avenida Pino Suárez.
Y entre más alto llega el sol más gente llega y sin pensarlo más hace suyo el símbolo patrio por unos cuantos pesos.
A Ramiro le conviene estar ahí, justo donde se celebra lo que se celebra. “También vendo playeras los días en que hay partido, hay que hacerle a todo, sino no alcanza”, asegura.
Y a pesar de tantos problemas económicos para la gran mayoría, México sigue siendo el orgullo: lo gritan todos aquellos que hoy se despertaron y los ecos de toda la multitud que lo reclamó al cielo la noche del 15 de septiembre con el ¡Viva México! Así lo sostuvieron. Pero eso ya es parte del pasado.
Hoy lo que importa es desfilar y seguir comprando banderas.
“Estoy desde anoche, no dormí de hecho. Me acomodé en una banca de la Alameda y dormité un poco, hay que estar al pendiente”. Quizá el no recibió la quincena de ninguna empresa el día de ayer pero hoy esta seguro que ganará lo suficiente para pagar la luz y el gas.
Después de éste volverán más desfiles y más celebraciones con las que Ramiro cuenta cada año y siempre encuentra algo que pueda vender. “De aquí en adelante el año se pone más dadivoso, viene el 20 de noviembre y Navidad ni se diga compadre, ahí es cuando me desquito”.
Esta mañana parece todo diferente: niños disfrazados de soldaditos con tambores y trompetas también maquilladas para el desfile, llegan en los camiones de diferentes partes de la ciudad, a veces hasta más lejos. Vienen con ellos también sus papás, o por lo menos los acompañan sus hermanos.
Los que transitaban todavía a las seis de la mañana ya están a esta hora en sus casas. O se quedaron dormidos en una esquina, abrazados a la bandera como un Juan Escutia urbano.
Hoy amaneció todo más tricolor. Anoche todo sucedió entre borracheras y festejos de todo tipo de los que solo sobraron botellas vacías y dolores de cabeza. Pero cuando vuelva a salir el sol todo volverá a ser como todos los días y a esperar otro año más.
Aún no se abarrotan las calles, las palomas aprovechan para comer de los desperdicios de noche anterior. Nadie las molesta. Casi no hay ruido, casi no hay autos, ni gente. De hecho solo Ramiro y otros abanderados están aquí desde ayer, y quizá para siempre.