noviembre 07, 2005

A Vaquero si le entiendo compadre

No entiendo nada si me hablas… ¿en inglés? A un gringo quizá no, pero a la banda formada por el núcleo del desaparecido Zurdok ¡Por supuesto compadre!
No es nada nuevo que la música rompa con las limitantes que tenemos los que no pagamos o no nos pagaron un curso sabatino megaintensivo de cualquier idioma, que no fuera el materno, en la “Cuack Lerning Academi” sucursal Guadalupe.
La nueva si es, y ni tan nueva tampoco de acuerdo a los demás pseudo intentos registrados en la historia del rock hecho en México, que un grupo que se identifique como nacional, y mas aun como regio, le apueste todas las canicas a grabar en inglés.
Mas curioso aún todavía, que en pleno domingo 6 de noviembre en la Macroplaza (día y lugar de paseo familiar por tradición) debuten con la nueva agrupación ante sus paisanos y ya se sepan las canciones.
Entre señoras que mecían sus nenes al ritmo de la música y niños embarrados de chocolate, los “Cowboys” mexicanos demostraron que no ensayaron una semana antes del evento que en buena onda les consiguió un amigo al que le barbearon todo el mes porque era del comité del Festival del Barrio Antiguo ¡No! a Vaquero le salieron las tablas a flote, les quedaba chico el lugar y eran invitados de honor.
Tranquilo y despreocupado Gerardo Garza, mejor conocido como Chetes, inició la presentación saludando al público como el que acaba de regresar al terruño y se encuentra con los viejos amigos.
Luego rompió el silencio que guardaban alrededor de 300 personas en la espera con los potentes sonidos de un rock, que demostró en ese instante, que son patéticas las profecías que sentencian que el genero que nació en los cincuentas vendrá a ser sustituido por el reggaeton y el hip hop ¡Dios salve a esas almas equivocadas!
De igual manera quedó grabado en los anales de la historia el perfil de un fan que masticaba papas con chile y limón y a la vez emitía sonidos “spanglishados” similares a los de la canción Dying to live, el primer sencillo del disco homónimo lanzado el pasado ocho de septiembre.
Algunas parejas que acostumbran “checar tarjeta” dominical quisieron aprovechar el baile del grupo que iniciaba a las 20:30 horas. No lo conocían, pero era obvio que su nombre invitaba encontrarse con doce hombres bigotones y panzones tocando cumbias o norteño. Sin embargo, al llegar se toparon con un grupo de jóvenes que tocaba rock en lengua no cristiana. La expresión de sus rostros delataba su frustración.
Al niño que se le soltó el globo no le quedó más remedio que parar de llorar porque nadie lo escuchaba. A su papá le llamó más la atención esa música que le recordaba a los Doors, o a los Beatles quizá, mismos a los que igual nunca les entendió nada pero que siempre les fue fiel. Pero después le dieron ganas de hacer pipí y al hombre que le debe respeto no le quedo otra opción que atenderlo y dejar de alucinar con sus días de estudiante rockanrolero.
Solo los años dirán si Vaquero podrá llegar a tener fieles seguidores que burlen el paso del tiempo con ellos. Y que, aunque no le entiendan a sus letras, si perciban y valoren la intención de los regios por contribuir a que el rock siga vivo como siempre lo ha estado.

Rubén Sánchez

2 comentarios:

Moro dijo...

Ande cabrón, por aquí se les coló la columna de espectáculos de algún peródico, con una reseña del evento propia de un reportero. No manches Rubens, creo que ya estás miando afuera del agujero, le cambiaste el rollo expresivo que tenía el blog, por uno de "última noticia", chale!, apenas que me estaba aficionando a leer tus monólogos tragicómicos. Me cae que lo revisaba diario para ver alguna que otra ingeniosidad y saliste con una manchada. Pero en fin, traspiés todos tenemos, espero retomes el rumbo. Suerte.

Ricardo Harden Cooper dijo...

el blog responde, es mi parecer, a los trabajos que se realizan en el taller que tomamos con josé de la paz, los cuales incluyen cronicas, reseñas y cuentos. es por eso que el ritmo cambia. pero tambien debes aceptar que el estilo acidulado de la rubeniano ahí está, presente, casi sale a tomarte la mano y decirte "como le va grandisimo cabrón". Yo creo que es una reseña muy fregona, no es plana, sino tridimencional, incluso a cuatro dimensiones si condcideramos el tiempo, ya que hace uso de memorias. Bien por ti Ruben.