octubre 24, 2005

El asalto al corazón.

¡Esto es un asalto! Les grité.
No se me ocurrió otra frase menos trillada para asaltar el banco, lo siento. Si fuera más creativo hubiera buscado cómo saldar mis deudas de alguna otra manera; más no fue así: sigo endrogado.
Le debo a todo mundo. No dudo que entre los clientes que sorprendí ese día estuviera alguien que en cuanto me vio se acordó de alguna deuda pendiente.
Sin embargo, el revolver que llevaba en mi mano derecha pareció indicarles a todos, incluyendo a los que no les debo, que por el momento se olvidaran de todos sus asuntos. Le obedecieron por fortuna.
Pero les juro que todo lo hice por necesidad. Si, lo se, también es una excusa muy utilizada. Insisto en que carezco de originalidad. Pero mis argumentos son verídicos y nada tienen que ver con que yo sea un tipo poco ocurrente.
Pero volvamos al asalto. Les decía que en cuanto todos me vieron que entré armado al banco todos se tiraron al piso y se llevaron las manos a la nuca. De seguro lo vieron en el cine. Claro, ellos también pusieron en evidencia su falta de imaginación. No soy el único.
Recuerdo que había dos policías. Uno de ellos se acobardó y tomó la decisión de olvidar para que le pagaban: aventó su pistola lejos y fue a incluirse en la alfombra humana con los demás amedrentados. El otro se desmayó sin chistar.
Todo indicaba que iba a ser más fácil de lo que pensé. El siguiente paso era ir a la caja, pedir todo el dinero y escapar. Trabajo regalado, pensé.
Sin embargó, algo extraordinario sucedió. Una guapa joven llamó fuertemente mi atención.
Me dejó absorto. Su mirada parecía llamarme. Era alguien que parecía no seguir esquemas; lo digo por que actuó diferente: No se impresionó como los demás, ni mucho menos gritó.
Tan solo me miraba. Creo que con ternura. No, más bien era amor. Lo sentí. Era mutuo, no había duda.
¡Por supuesto! era la cajera del banco. Si, recuerdo haberla visto antes. Quizá el día que fui a pagar parte de los intereses de los intereses de la hipoteca. Tantas veces y nunca me fijé en ella. Soy un idiota.
Me dejó hipnotizado y asimismo caminé en su dirección. Lentamente avancé entre la gente que yacía en el piso. Una señora no reparó en insultos después de que le pisé la mano, estaba tan distraído que solo atiné a disculparme en voz baja.
Un desconocido, desde su incomoda posición, pareció darse cuenta de que cupido me había flechado como un adolescente, por lo que me hizo una señal levantando su pulgar como señalando el techo y me guiñó un ojo.
Yo lo interprete como un “ve por ella amigo asaltante enamorado, no te detengas a pensar en el dinero que vas a robarte, el corazón importa más”. Le hice caso y le agradecí.
Seguí mi camino. En cuanto más me acercaba los parpados de la joven parecían abrirse cada vez más y me iban dejando al descubierto sus lindos ojos azules que no dejaban de mirarme.
Al pararme frente a ella me percaté también de que sus manos le temblaban nerviosamente, las mías también lo hacían, les digo que era mutuo.
Y sudaba y sudaba. Su frente se llenó de gotitas que fueron creciendo de tamaño y terminaron por caer sobre el mostrador. Tomé una de sus manos fuertemente y su rostro palideció. Sin duda estaba loca por mí.
Empezó a balbucear. La verdad no le entendí nada, pero creo que ya no podía más. Tomé la iniciativa y le pedí que se casara conmigo. A lo que respondió con un movimiento de cabeza y cayó desmayada. En ese momento me sentí el hombre más feliz del universo.
Decidí olvidarme del asalto. Mis hijos no tendrán un padre asalta bancos pensé y amablemente les pedí a todos que se pusieran de pie y que se fueran en paz a sus casas.
Aventé la pistola y salí caminando del banco. Todo me pareció color de rosa. Si, mi vida había cambiado, era momento de reorganizarme, buscar un trabajo decente y vivir como cualquier persona normal y feliz.
Entonces llegaron ustedes. Me marcaron el alto, me esposaron y me subieron a la patrulla.
Ya llevo tres días aquí convenciéndolos de mi inocencia, no entiendo.
Además, nadie me quiere dar razón de futura esposa. ¿No la conocen? ¿Por qué no ha venido a buscarme?
- Señor, si conocemos a la señorita de la que nos habla.
- Gracias a dios. Díganle que estoy bien y que en cuanto salgo me casaré con ella.
- No lo creo señor.
- ¿Porqué, acaso ya no me ama?
- Creo que usted tiene mucha imaginación.
- ¿Porque lo dice? Mi parte creativa siempre ha estado dormida, de estoy seguro.
- No del todo señor, mire:
Según me cuentan los testigos, usted entró al banco, amenazó a todos y les pidió que se tiraran al piso. Ella, a la que se refiere usted, era la única cajera en turno por lo que no alcanzó a accionar la alarma por lo nerviosa que estaba. Ella decidió no mover un dedo para no provocarlo. Enseguida, me dijeron que usted comenzó a mirarla de una manera muy extraña y bastante obsesiva, casi enferma.
Después, que se le fue acercando lentamente. Un sujeto le decía con señas a la joven que accionara la alarma. Usted lo descubrió y encima le sonrió cínicamente. Ella se quedó pasmada al imaginarse lo desquiciado de sus intenciones. Por un instante intentó gritar pero del pánico se le cerró la garganta. Lo peor sucedió fue cuando usted le tomó su mano fuertemente. Ya no soportó más. Fue tal el horror que experimentó que murió de un paro cardiaco instantáneamente.

4 comentarios:

Entradalibre dijo...

no escarmientas sigues escribiendo tus diarios,,, me da flojeraa,, amigochoo,, sabes ahora si va la buena el lunes me voy del trabjo,,ya hable,, ya dije,,, ni modo se que me extrañaran,,,

Moro dijo...

Oye 'tá muy tragicómica esta narración o el vato estaba bajo la influencia, de algún buen psicotrópico. Primera vez que te escribo algo, después con más tiempo analizamos tus desvarios psicológicos. Aviéntate un relato acerca del desempleo, eso también tiene muchas frustraciones cómicas que explotar. Jejejeje, ahí te ves.

A Teen Spirit! dijo...

Shidisima Historia...


No suelo postear a los ke no me postean jajajaj se me hace como medio grocero, pero no me pude contener...


I do like your blog very much!!!



salu2!!!

Moro dijo...

Cuentan por ahi que...
Unos cientificos Alemanes excavaron 50 metros bajo tierra y descubrieron pequeños
hilos de cobre.
Después de estudiar esos trozos de hilo por mucho tiempo, Alemania llegó a la conclusión
de que los antiguos germánicos tenían una red nacional de teléfono hace ya 2,500 años.
Por supuesto, al estado Ruso no le pareció nada del otro mundo.
Le pidieron a sus propios científicos que excavaran más hondo.
A 100 metros bajo tierra encontraron pequeños hilos de cristal que, según ellos, formaban
parte del sistema de fibra óptica nacional que tenían los antiguos Rusos hace 3,500 años.
Después, científicos mexicanos no se dejaron impresionar.
Excavaron 150 metros bajo tierra y no encontraron nada, excavaron a 200 metros y aun nada,
entonces excavaron hasta 250 metros y total que no encontraron ni madres de hilos de cobre
o cristal.
Entonces llegaron a la conclusión (y con toda razón) que los antiguos Mexicas hacía más
de 5,000 años que ya tenían satelites y teléfonos celulares......
ACHINGA!!!...... ¡A Huevo Cabrones!
VIVA MÉXICO!
a que la chingada...............!!!