“Ese sol que se ve al final del camino… ¿lo ves? ¿Qué tan lejos estará? ¡Es como si fuera inalcanzable! ¿Con él inicia o termina el camino?...”
Suenan una tras otra las preguntas en sus cabezas. Llegan y se van los sueños. Les surgen ideas. Crecen o aminoran sus problemas. Es la hipnosis de la carretera haciendo de las suyas.
Para algunos su trayecto no tiene fin. Otros jamás llegarán. De igual manera hay quien reclama no querer llegar nunca a ningún lado de ningún lugar.
Por la ventanilla ven como los cactus parecen saludarlos. Las montañas les sonríen o hasta se ríen de ellos. La soledad es la única que se expresa con sinceridad. A diario los acompaña. Incluso los persigue.
A la mayoría se le resbala tal sensación con la ayuda de enervantes. Se olvidan hasta de quienes son. “¿Y de que otra manera le hacemos para ir de Tijuana a Cancún en cuatro días? A veces sin carreteras de cuota. A veces sin camino”.
La imborrable imagen de la infinita “línea negra” perfilada con arbustos y rodeada de horizontes aparece cada noche en sus sueños.
Los más viejos cuentan las trilladas historias de las “mujeres de blanco” que les piden aventón en caminos despoblados y a mitad de la noche.
Dicen que ya no les temen. Uno de ellos hasta cree estar enamorado del ánima en pena.
“Hay que tener temor de Dios y de los vivos, el susto de mi vida me lo dieron unos encapuchados demasiado avivados”.
La música que prefieren de compañera, no es más que los chiflidos, mensajes en clave y hasta bromas que escuchan en la radio de onda corta.
En los caminos casi todos son viejos conocidos. Son compadres. Se cuidan entre sí.
A los que traen “encarguitos” los delata su novatez. No hay quien lleve toda su vida manejando un trailer que se preste a cargar con compromisos de esa índole.
Avanzan al contrario de las tormentas, manejan con fríos entumecedores y calores asfixiantes.
Pero es parte de su trabajo lidiar con la naturaleza y hasta con pasajeros extraños que emergen de las orillas del camino como mala hierba. Se les ve manoteando como náufragos en tierra firme con la esperanza de ser rescatados.
Hasta que finalmente suben y respiran tranquilos. Enseguida creen que su vida ha tomado rumbo por fin. Lloran, ríen. Le explican al conductor con detalle los porqués de sus dichas o infortunas.
Como si en verdad ahí importaran sus problemas.
Ignoran por completo que a bordo de esa mole rodante los únicos asuntos que se apoderan de la mente de quien la guía son: llegar a su destino, la radio de onda corta, la “mujer de blanco” y poder alcanzar algún día al maldito Sol que, como dicen ellos mismos: “siempre nos lleva la delantera”.
03/10/05 Rubén Sánchez
3 comentarios:
uyyy,, no me referia a alo pacheco,,si no a l de la textura,, cada quuien en su mecate vdd,, y pues ya te reclame,, ya no puedo retractarme,, aunque si podria pero no quiero,,,jajaja siempre hago hasta donde yo quiero lo que me da la gana,, chido rubenn,, que buen critico eres, nadie te lo puede negar,, gracias,, y ya no tengo mas que decirte,, Dios te bendiga muchoo,, y pos nos vemos cuidate......
Que tal, "naufragos en tierra firme" esta genial, jamás se me hubiera ocurrido. Chida tambien la redondez de la narración.
Saludos
Muy bien que pongas tus textos en un espacio para que todos podamos leerlos, o releerlos, depende de quien se trate ¿verdad?
Luego si tu quieres te enseño algunos truquillos del blog que es muy mañossso.
ya estas en la lista de links en mi blog ruben.
suerte. no solo en esto, en todo.
p.d. hay una opcion que se llama, verificacion o algo así. activala, para que no te lleguen firmas fantasmas.
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