octubre 10, 2005

Carreño en la FIL


Como mosca en la leche; la veracidad del término exime su vulgaridad. Y es que nada embona mejor para describir la distinguida omnipresencia del escritor Manuel Carreño junto a la parvada de Buitres del saber y conocedores del buen gusto que convocó la presentación de su reciente obra El Arte de Saberse Comportar en la Feria Internacional del Libro Monterrey 2005.
“Dan ganas de darle un piquete para ver si se le cae el betún” se escuchó entre los asistentes. Y con justa razón: Carreño aparenta, enfundado en un smoking, haber sido diseñado por un escultor francés para coronar un pastel de boda onerosa y no que nació como un mortal cualquiera.
El pulcro escritor pidió disculpas a sus fieles seguidores desde una cápsula de cristal soplado que se fabricó especialmente para esta ocasión en Tlaquepaque, Jalisco.
“Disculpen que los salude desde aquí pero es de buen ver mi elección porque…bla, bla, bla.”
Los aplausos no dejaron escuchar el resto del nuevo “tip” que seguramente incluirá en la reedición de su manual el próximo año.
El amo y señor de las costumbres mochas habló de todo menos de su vida personal, ese punto quiso dejarlo para el final.
“Hablar de uno mismo es de mal gusto, es mejor que un allegado lo haga por ti” argumentó.
Las Asociación de Damas Conservadoras del Buen Peregrinar le aplaudieron como desquiciadas hasta que les ardieron las manos. Ninguna emitió ni un gesto, ni mucho menos se atrevió a untarse un poco de crema para mitigar el dolor de sus palmas por miedo a ser señaladas como impúdicas.
Después de unos minutos de comentar sobre el contenido de la nueva publicación, sorpresivamente una persona emergió entre el público con un micrófono inalámbrico en la mano derecha.
El sujeto se identificó como amigo del escritor y por ende el acreditado por el Reglamento del Escritor Bien Portado y Chambombín para leer unas cuantas anécdotas sobre la vida de su íntimo.
Tales vivencias venían estructuradas y listas para que las leyera directamente de una carpeta de piel negra que el mismo Carreño le alcanzó.
Y sin más empezó: “Mi amigo tuvo una infancia feliz. Siempre asistió a la primaria con traje de marinerito y zapatos de charol. Siempre llegó puntual a clases. Nunca jugó fútbol en los recreos ni escupía los pingüinos para que no le pidieran sus compañeritos. Tampoco se divirtió con el “Jamón te saco” entre clase y clase.
En la secundaria no empezó a fumar e escondidas”. Se comenzaron a escuchar los murmullos, aplausos y buenos comentarios entre el público de la sala. Mientras, el pariente proseguía:
“Tampoco se robaba las tortas en la cooperativa, ni se escapó en la clase de Educación Física para ir a ver películas porno a la casa del gordito con más espinillas del salón.
No dio pambas, ni colgó a los ñoños de los pies desde el tercer piso. No le agarró las nalgas a la chamaca que siempre enseñaba los calzones cuando se sentaba hasta atrás con los burros. Ah, ahí tampoco se sentó nunca.”
“En prepa nunca se emborrachó. No escuchó rock, ni fue al mirador con el coche de su papá acompañado por Deborah, la chica más califas de la clase de Anatomía. Todos fueron, menos él ¿Lo pueden creer?”, preguntó.
“Este hombre, que es mi amigo, jamás copió, ni sacó acordeón. En la Universidad siempre supo lo que quería estudiar: Economía. Nunca reprobó nada de nada y…” Hizo una pausa.
El tipo dejó de leer y volteó a ver con cara de asco a Carreño. Arrugó con violencia la hoja de papel que leía y la tiró al piso junto con la carpeta de piel.
Enseguida miró al público con un semblante diferente en la cara y les dijo:
“Señoras y señores quiero confesarles que a este pendejo lo conocí en la Universidad y siempre creí que era puto, por eso nunca hice amistad con él.
Sin embargo, hace una semana me contactó por teléfono y me dijo que me iba a pagar una lana si me presentaba en este evento como su amigo y leía una hoja con buenos comentarios sobre él.
Pero la neta ¡¡Que chingue a su madre, que güeva me da el cabrón, pinche cebo de mierda, ni amigos ha de tener el infeliz!!”.
Acto seguido, el conocido postizo del escritor aventó el micrófono y salió rayándole la madre a todos los presentes en la sala 104 de Cintermex. De inmediato todo el lugar se sumió en un asfixiante silencio.

4 comentarios:

Ricardo Harden Cooper dijo...

jajajaja inche imaginacion la tuya rubens... y gustos!

espero que estes bien y aver si subes otras cosas que no sean solo tareas porque no leo nada nuevo. jajajajaja

y escribele a felipemontes!

bytes

Entradalibre dijo...

mmmmmmmmmm,, la verdad me da flojera leera tanto,, peor lo que lei me gusto,, chido ,, chido,,

sonico2 dijo...

es increible lo que carreño hace----hasta volverse literaura. un abrazo

Anónimo dijo...

Ser de ciudad Juárez y conocer a Carreño, y no sólo eso sino saber que tiene una obra de teatro que meterá a concurso: no tiene precio...

Tres cosas del Carreño del taller de Bellatín:
­·El hombre servilleta
·Stan
·y «No se me hace muy verosimil que el personaje tenga sexo a primeras horas de la mañana, a esas horas nadie puede...»
(Creo que Carreño necesita que le presenten el viagra)

/Saludos desde Juárez
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